El pachuco y otros extremos

'American Me' (Edward James Olmos, 1992).

‘American Me’ (Edward James Olmos, 1992).

El pachuco ha perdido toda su herencia: lengua, religión, costumbres, creencias. Sólo le queda un cuerpo y un alma a la intemperie, inerme ante todas las miradas. Su disfraz lo protege y, al mismo tiempo, lo destaca y aísla: lo oculta y lo exhibe.

Con su traje –deliberadamente estético y sobre cuyas obvias significaciones no es necesario detenerse–, no pretende manifestar su adhesión a secta o agrupación alguna. El pachuquismo es una sociedad abierta –en ese país en donde abundan religiones y atavíos tribales, destinados a satisfacer el deseo del norteamericano medio de sentirse parte de algo más vivo y concreto que la abstracta moralidad de la “American way of life”–. El traje del pachuco no es un uniforme ni un ropaje ritual. Es, simplemente, una moda. Como todas las modas está hecha de novedad –madre de la muerte, decía Leopardi– e imitación.

Octavio Paz, “El pachuco y otros extremos”, en El laberinto de la soledad (1950).