Sobre críticas festivaleras

Après la bataille

Sigo la actualidad de los festivales internacionales de cine –en algunas ocasiones participando en ellos– desde hace suficiente tiempo como para darme cuenta de que algo falla en la cobertura periodística de los mismos. Por falta de tiempo, de ganas o de conocimientos, las crónicas se limitan a prestar atención a las películas más esperadas de los directores más conocidos, siendo cada vez más complicado dar con algún descubrimiento, dejándolos en la mayoría de ocasiones en manos del fallo del jurado. Además, hoy en día el entusiasmo hacia los trabajos más atendidos se esfuma incluso en cuestión de minutos después de la proyección.

En este sentido, no me parece justo que Terrence Malick tarde años en concebir su película y haya tuiteros que sean capaces de ridiculizarla tan sólo a dos minutos de haberla visto en su primera proyección pública. Eso ha ocurrido en la pasada Mostra de Venecia y, todavía sin verla, me quedan cada vez menos dudas de que To the Wonder será un film que gane con el paso del tiempo. Y es que me interesa cuestionar la crítica en los festivales de cine no solamente por el reciente desprecio a Malick, sobre todo por la producción francoegipcia Après la bataille de Yousry Nasrallah. Presentada el segundo día en la competición del festival de Cannes 2012, no es que fuera mal recibida por la crítica, es que fue prácticamente ignorada, limitándose a escribir en el mejor de los casos apenas unos renglones señalando sus “buenas intenciones”. Claro, lo que realmente sucede es que se esperaban otras películas mucho más “importantes” que aquélla, y simplemente no había tiempo para analizarla como se requería.

Una vez vista de forma reposada Après la bataille en París con motivo de su estreno en salas, presentada por el equipo de la película, leyendo entrevistas a sus responsables y viendo imágenes del rodaje en un buen dossier de prensa, uno se enfrenta ante la primera ficción sobre las secuelas de la primavera árabe en Egipto. Es una película imperfecta pero es un testimonio clave y único, que juega hábilmente con los distintos formatos digitales, narrando en presente unos hechos de enorme carga política que seguro ganarán al ser estudiados –y al ser reflejados de nuevo en pantalla– con una mayor perspectiva. Pero si el festival más relevante del mundo la ha situado en la sección oficial, tiene el derecho a ser calificada en las mismas circunstancias que el resto de competidoras. Y no ha sido el caso. Por no hablar ya de las secciones paralelas de Cannes y tantos otros certámenes, de las que no hay apenas noticia alguna.

No trato de señalar a los medios españoles en concreto. Soy el primero que ni siquiera mencionó Après la bataille al hacer un repaso de la pasada edición. Me parece un síntoma que se está dando en todo el mundo y se debe también a la escasez de recursos de los medios, que exprimen a sus enviados especiales, primando finalmente la cantidad (entrevistas, crónicas y críticas) de contenido por la calidad. Aunque si alguien conoce en otros países  casos paradigmáticos de cómo nunca se debe ejercer la crítica de cine (Carlos Boyero en Venecia o casi peor aún es el de Carlos Pumares en Locarno), por favor, que avise. Solamente pretendo llamar la atención de colegas y demás profesionales que cubren este tipo de acontecimientos a que intenten cuidar sus opiniones precipitadas, que pueden en muchos casos llegar a influir en el destino comercial de películas que merecen una segunda oportunidad y, sobre todo, mayor tiempo de reflexión para establecer así una opinión más justa y razonable.

El Étrange Festival en tres tomas (desde distintos ángulos)

etrangeFestival

El Étrange Festival de París ha llegado a su edición número 18 con un larguísimo programa y más de un centenar de proyecciones, entre una competición internacional, premieres internacionales, retrospectivas y cartas blancas a directores invitados. Lo que comenzó en los noventa como un encuentro de aficionados (freaks) en torno al cine de fantástico y de terror, con los años se ha convertido en un evento de notable repercusión, haciéndole frente incluso al Festival de Sitges. En medio de ese inmenso programa concentrado del 6 al 16 de septiembre, he podido hacer un hueco para ver tres proyecciones bastante distintas, gracias a que este tipo de certámenes ofrecen una jugosa variedad dentro de los inabarcables límites del horror, el miedo o la fantasía. Eso sí, me doy cuenta mientras escribo esto de que las tres películas son primeras obras.

Insensibles

En ‘Insensibles’ unos niños que no padecen el dolor son estudiados en un hospital.

Insensibles de Juan Carlos Medina
Siempre que tengo elección en primer lugar voy a por el cine español, porque incluso en Francia escasea en lo que a la cartelera se refiere. Insensibles de hecho tiene su punto de partida en el país galo hace ocho años, según explicaron los productores en la presentación de la proyección, donde agradecieron el apoyo español en la financiación del proyecto, pese a la dura “crisis española” (esto de la crisis ya va para hecho histórico comparable a la tantas veces mencionada “gripe española”). El director francoespañol Juan Carlos Medina se ha curtido con varios cortometrajes y, aunque cueste creerlo, Insensibles es su opera prima. El film plantea una misteriosa historia que se mueve entre el pasado y el presente de un hombre (Alex Brendemühl) al que diagnostican un cáncer terminal tras sufrir un grave accidente. Los flashbacks van desde los años treinta hasta el franquismo más oscuro, en un hospital para niños situado en la provincia catalana, donde se encuentra la clave de la salvación del protagonista. De ahí que la mayor parte del metraje esté hablado en catalán y debido, por supuesto, a criterios de producción. Solamente el personaje que interpreta Juan Diego habla castellano. Insensibles no esconde en absoluto su parentesco con otros trabajos ibéricos contemporáneos (entre Espinazos, Faunos y Pa negres van ya unos cuantos), porque le basta con tener a su favor un relato sólido y una progresión dramática impecable que desembocan en un desenlace desprovisto de sorpresas aunque no falto de grandiosidad. Por todo ello, sería injusto etiquetar a Insensibles simplemente como “una película de género más con la guerra de civil de trasfondo”. Pese a no aportar nada nuevo, su excelente factura y una acertada narración hacen que merezca darle una oportunidad.

Antiviral_BrandonCronenberg

‘Antiviral’ plantea una sociedad obsesionada con la fisionomía de las celebridades.

Antiviral de Brandon Cronenberg
Por una simple cuestión de prejuicios, hay algunas películas que tienen de por sí el público limitado al estar dirigidas por “el hijo de”. Sin embargo, Antiviral de Brandon Cronenberg cuenta en su punto de partida con la curiosidad que supone el hecho de: ¿Qué será capaz de hacer como director el hijo del mismísimo David Cronenberg? En Cannes fue un lleno absoluto en su presentación en la sección Un Certain Regard, con una copia que ha sufrido modificaciones desde entonces, según informaron en el Étrange Festival. El aliciente en este caso es, además, que se trata de un film tenebroso y con un argumento algo retorcido: en un futuro no demasiado lejano, se comercia con las enfermedades de las celebridades, y un joven, atraído por una de esas famosas, decide tantear el asunto. Es decir, probar la enfermedad de la joven. Lógicamente, el pequeño Cronenberg presenta una estética futurista, de corte minimal, junto a una sociedad de moral profundamente decadente para llegar a esos niveles de idolatría. Todo el peso de la película recae en el actor Caleb Landry Jones, que tiene que afrontar todo tipo de complejas sensaciones: desde mutaciones en su cuerpo a la imperdurable fascinación por una preciosa rubia que tiene… ¡un herpes en la boca! Así, Antiviral acaba viéndose como una película angustiosa y un tanto desagradable, con una estética limpia y cuidada, y unos recursos suficientes para mostrar una serie de escenas portentosas de las de apartar la mirada. Pero aparenta ser más compleja de lo que al fin y al cabo acaba resultando, al contribuir a la sociedad a la que señala con una premisa excesivamente disparatada que, lástima, no acaba de sintonizar con la solemnidad que se respira en todo momento.

A Fantastic Fear of Everythin_Simon Pegg

Simon Pegg crea situaciones desternillantes en ‘A Fantastic Fear of Everything’.

A Fantastic Fear of Everything de Crispian Mills y Chris Hopewell
Hablando de prejuicios, con Simon Pegg todos los que lo conocemos en acción creo que pensamos en lo mismo: es un tipo que nos va a hacer pasarlo bien. En Shaun of the Dead (Zonbies Party, 2004), Hot Fuzz (Arma Fatal, 2007) o Paul (2011) Pegg formó una pareja cómica extraordinaria junto a Nick Frost. En esta ocasión –casi más que nunca en solitario, por su omnipresente protagonismo en pantalla– el comediante británico da vida a un escritor que todavía se está familiarizando con la atmósfera de las novelas de terror y asesinos en serie de la época victoriana que trata de escribir, y se vuelve completamente obsesivo a un posible ataque contra su persona. Como suele pasar en estos casos de aprensividad, el único peligro es uno mismo. De esta forma, somos testigos de las no pocas extravagancias de este neurótico escritor, que le tiene pavor, entre otras minucias, a las lavanderías. El arranque de la cinta es más torpe, cuando los directores (Mills músico de profesión, y Hopwell con célebres videoclips a sus espaldas) quieren introducirnos demasiado en los sueños y obsesiones del protagonista mediante imágenes oníricas que quedan algo fuera de lugar. Pero la cinta gana, y vaya si lo hace, cuando nos saca al personaje de su guarida y comienza la preparación de una cita, ya de por sí inoportuna, que se acabará convirtiendo en una graciosísima odisea nocturna. Incluso se permite hacer un guiño a la chavalería de Attack de Block, o eso me pareció. Demostrando Simon Pegg de nuevo a la cabeza, que hoy en día, muchas comedias son como esos platos ligeros que no solamente no están de más, sino que sientan fenomenal.

Y dos tomas que se quedaron fuera del montaje final…
Por motivos de agenda y aforo de la sala, no pude ver en un caso y otro dos películas que quedan bien anotadas para no perderlas de vista. Una de ellas es Samsara, el nuevo documental de Ron Fricke, rodado en 70mm en más de veinte puntos distintos del planeta, que promete imágenes bellísimas y únicas, siendo así una continuación de su aclamada Baraka (1992). La otra cinta que ha destacado en el Étrange Festival es Berberian Sound Studio de Peter Strickland. Ambientada en los estudios de postproducción italianos, parece que no dejará indiferentes a todos aquellos devotos del giallo.

Cannes 2012: impresiones de una edición incomprendida

Una vez llegado a su fin el ajetreo del festival de Cannes, el atracón que supone ver hasta cinco películas importantes en un mismo día, las largas colas, el sol o, también  este año, la lluvia, viene bien hacer un repaso por los más de veinte nuevos trabajos que he podido ver durante siete días. Como ya anunciaba la programación, se trata de una edición sin grandes sorpresas, de acuerdo, pero al mismo tiempo conviene no quedarse solamente con esa versión oficial (la de los críticos y periodistas que -por tiempo, por cansancio, por pereza- se pasan a ver únicamente las películas de la competición) e intentar así sacar algo en positivo -que lo hay, y mucho- de las otras secciones que componen el conjunto de este gigantesco certamen de cine.

Haneke palme d'or

Haneke, con la Palma de Oro por ‘Amour’, junto a los protagonistas del filme.

Un palmarés repetido
Había algunas reticencias frente al nuevo film de Michael Haneke: un matrimonio octogenario golpeado por la enfermedad encerrado en un apartamento bajo el título Amour, era sospechoso de pretenciosidad. Sin embargo, se trata de una película de una contención espasmosa, con un ritmo fatídico, pero nada pesado, y con dos veteranos actores de categoría como Jean-Louis Trintignant y Emmanuelle Riva que no tenían nada que demostrar a estas alturas pero que han dado un inmejorbale broche final a su carrera. Amour encierra un punto de inflexión en el metraje que le otorga una atmósfera de humanidad y debate social al relato, y una sensibilidad fuera de lo común, que le hace justo valedor de la Palma de Oro, la segunda para Haneke en tres años. Después de verla, tan solo me quedan dudas de si a Maurice Pialat, autor de la similar y todavía más sórdida La gueule ouverte (1974), le gustaría esta otra cara de la misma moneda.

Reality Garrone

En ‘Reality’, un pescadero acabará desesperado por concursar en Gran Hermano.

Con respecto a las obras premiadas por el jurado presidido por Nanni Moretti, me alegro en especial por el reconocimiento a Reality de Matteo Garrone con el Gran Premio del Jurado (que ya obtuvo en 2008 por Gomorra). Denostada por muchos desde su planteamiento (en una cola llegué a escuchar eso de: ¿Va sobre los reality shows? – ¡Horrible!), sin pensar que se trata de reflexionar y mostrar no ya la absurdez de ese tipo de concuros, sino que por medio del retrato de una modesta familia del sur de Italia, Garrone va más allá en su crítica, dirigiéndola hacia la creciente falta de objetivos y valores en la sociedad actual.

beyond_the_hills

En ‘Beyond the Hills’, Mungiu carga duramente contra el fanatismo religioso.

Lo que sí estaba más cantado es que Cristian Mungiu (Palma de Oro en 2007 por 4 meses, 3 semanas y 2 días) podría llevarse algo con Beyond the Hills, una profunda e inquietante historia de dos amigas más confundidas que enfrentadas (merecido premio de interpretación y al mejor guión) en un monasterio en la Rumanía profunda, que lleva por delante un rotundo mensaje contra el fanatismo.

Otro habitual de los festivales es el danés y exdogmático Thomas Vinterberg, que vuelve al tema de los abusos a menores en The Hunt (La caza), donde destaca Mads Mikkelsen (premio a la interpretación masculina), un profesor acusado injustamente de abusos sexuales a menores, un relato que provoca escalofríos pero una vez te replanteas el transcurso de los acontecimientos, se queda uno con cierto sabor a telefilme.

vous-n-avez-encore-rien-vu-cannes

Resnais sienta a sus actores en la ficción y en la realidad ante su film testamento.

“Lo nuevo de…” que de nuevo tiene poco…
Se repite hasta la saciedad durante el festival eso de que vamos a ver “lo nuevo de…” y lo que acabamos encontrando es más de lo mismo. El repetitivo humor del coreano Hong Sang-soo, In Another Country, demostró que competía este año por contar con la presencia de Isabelle Huppert. Lo mismo sucedió con el (seguramente) último trabajo de Alain Resnais, Vous n’avez rien encore vu (Todavía no habéis visto nada), que contaba con el respaldo del certamen por tratarse del célebre director francés y por contar con un elenco de primera, con unos actores galos que salvan el teatrillo en torno al Eurídice con su enorme talento.

like-someone-in-love-

Kiarostami muestra en Japón la tortuosa vida de una joven que se prostituye.

Otro que no ha dejado indiferente es Abbas Kiarostami, que con Like Someone in Love realiza su primer trabajo en Japón. En una temática que no es novedosa, la de la chica que se financia los estudios recurriendo a la prostitución, hay destellos de calidad en cada plano, donde no faltan esos característicos paseos en coche. Los personajes son reales y precisos, pero no acabo de entender si esta incursión en el país nipón era del todo necesaria, y me da la sensación de que quedará como una anécdota en la valiosísima filmografía del director iraní.

Y qué decir de David Cronenberg. Llegaba como uno de los favoritos con Cosmopolis, una producción franco-canadiense tirando a independiente pese a contar como cabeza de cartel con Robert Pattinson, que pasa la prueba con nota aunque los primeros minutos bien parecen las tomas de un casting. La novela de Don DeLillo se reubica en el periodo de convulsión económica que vivimos actualmente, y el mensaje anticapitalista no puede quedar más redondo. Luego, convencer a todos ya es otra cosa: la cinta se puede reducir a una sucesión de diálogos y escarceos entre el joven multimillonario y los singulares personajes que le dan encuentro en torno a su majestuosa y futurista limusina. Aquí Cronenberg tampoco es convencional y, a estas alturas, es casi lo mejor que podemos pedirle.

El autriaco Ulrich Seidl presentó una de esas rarezas bien filmadas, Paradise: Love, la primera entrega de una presunta trilogía, que funciona muy bien durante su primer tramo, con una eficaz representación de lo vomitivo que es el turismo sexual, no solamente en lo carnal, también en el aspecto humano y social.

Así, el premio a la mejor dirección para Carlos Reygadas por Post Tenebrax Lux (la mayor pitada de este año de la prensa) y el premio del jurado a la nueva comedia social de Ken Loach, The Angel’s Share parecen galardones otorgados más por mero trámite que por méritos propios.

Tendré que comprobar en unas semanas si el boom entre la crítica más modernilla en los últimos días de festival hacia Holy Motors de Leos Carax (estreno en Francia el 4 de julio) se convierte en un bluf, o si, por el contrario, se trata de otra de tantas obras incomprendidas por un jurado que ha preferido ignorarla, junto a la buena cuota de cine hollywoodiense que poblaba este curso la competición.

moonrise-kingdom

‘Moonrise Kingdom’ ofreció una buena sonrisa como film de apertura.

 ¿Dónde está ese Nuevo Cine Americano?
Hollywood entró a lo grande en esta competición de 2012 con la merecidamente aplaudida Moonrise Kingdom. La originalidad de Wes Anderson (quizás merecía el premio a la mejor dirección) vuelve a quedar patente en esta cálida, disparatada y a la vez sencilla historia de amor entre dos raros adolescentes que escapan de sus pesadas vidas. El ambiente scout, la explosión de colores y el desfile de actores famosos en la piel de los más que habituales personajes extravagantes de Anderson, ayudan a crear una fábula sobre la libertad de los jóvenes genialmente alimentada por la música de Alexandre Desplat (magistral en los créditos finales) y con un absorvente tema rescatado que recrea escenas tan tronchantes como memorables.

En cierto modo, es bastante comprensible que la organización del festival más poderoso del mundo apueste por los grandes trabajos de Hollywood. Para la 65ª edición, llegaban las aparentemente refrescantes Lawless, Killing Them Softly, On the Road y The Paperboy (esta última no la he visto pero fue recibida con igual indiferencia), con muchas de las nuevas promesas del cine estadounidense. Quizá, lo más destacable de estas películas que poco de nuevo aportan sean sus repartos, con nombres que ya sonaban y perdurarán como los de Jessica Chastain, Mia Wasikowska, Tom Hardy, Kristen Stewart o Garrett Hedlund.

Lawless, otra incursión en el periodo de la ‘ley seca’ deja patente la incapacidad de Shia LaBeouf para tener un papel “serio”, y quedará para el olvido, salvo por los chascarrillos del gracioso personaje de Tom Hardy o un desnudo tan inesperado como integral de la Chastain.

Sobre On the Road todavía me estoy preguntando en qué estaba pensando Walter Salles. Es verdad que adaptar el mito literario de Kerouac no era tarea sencilla, pero es que el resultado, tan solo en el plano estético, bien parece una recreación de la novela para una sesión de fotos del dominical de turno.

killing-them-softly-cannes

Brad Pitt concede algún que otro diálogo destacado en ‘Killing Them Softly’.

Killing Them Softly de Andrew Dominik es la más salvable de las mencionadas, con un retrato algo precipitado de la era post-Bush/pre-Obama en USA. Contiene algunas escenas de acción portentosas ‘a lo Drive’ y Ray Liotta le otorga credidibilidad a la trama. Además, hay algún que otro diálogo de altura entre James Gandolfini y un Brad Pitt con un monólogo final de aplauso, aunque habría que verlo de nuevo para corroborar si no queda un pelín forzado. A este último le siguen pasando factura estos personajes presuntamente oscarizables, que se quedan demasiado a menudo atrapados en la máscara del otro personaje, el Pitt celebridad.

La película a competición que sí parece ganarse la etiqueta de ‘Nuevo Cine Americano’ es Mud, la tercera de Jeff Nichols, presentada ya el último día de festival y con una acogida extraordinaria. El director de Take Shelter merece toda nuestra atención.

Gimme the Loot

‘Gimme the Loot’, uno de los envites de esta edición a no perder de vista.

Una cierta ‘mierda’… con gratas sorpresas
No soy el primero que dice que la sección Un certain regard (Una cierta mirada) carece de coherencia a la hora de fijar la selección. Lo dijo hace unos días Diego Galán, y lo reconoce incluso Gilles Jacob, el presidente del festival. Ahí encontramos en esta edición supuestas grandes películas que se han quedado fuera de la competición por poco (Elefante blanco), la nueva excentricidad (bien filmada, por supuesto) por el excéntricamente precoz Xavier Dolan (Lawrence Anyways), la ganadora de Sundance (Beasts of the Southern Wild, que encima se ha llevado la Cámara de Oro), otras operas primas más singulares (Antiviral, la primera de Cronenberg hijo), films simplemente exóticos (como una soporífera versión kazaja del Crimen y castigo de Dostoievsky), comedias francesas (la imprescindible en estos tiempos de crisis Le grand soir) o films-evento como 7 días en La Habana, compuesta por sketches de siete famosos directores.

Un eclecticismo que chirría pero al mismo tiempo estimula cuando uno encuentra una película tan afectuosa como la neoyorkina Gimme the Loot, primer largometraje de Adam Leon. Se trata de una simple historia de dos jóvenes que deambulan y trapichean por las calles de Nueva York para ganarse la vida. Con los mejores tics de referentes como David Simon o Spike Lee, se alimenta también de una atmósfera nouvelle vaguera, con diálogos improvisados y buen humor, salidos de unas mentes jóvenes e inocentes con una candidez necesaria en medio de tanta obra grandiosa que en ocasiones parece capaz de decidir entre el bien y el mal. Por tanto, en América, como siempre, sigue habiendo esperanza.

El buen sabor de la Quincena
Seguramente lo menos escuchado y a su vez lo más destacable de este Cannes 2012 sea la Quincena de los Realizadores. Con nuevo director de la programación, Edouard Waintrop, se han podido ver, entre otras, desde el nuevo film de Michel Gondry (The We and The I, un acertado retrato de adolescencia cuya acción se desarrolla íntegramente en un bus de Nueva York), a obras cercanas a lo experimental como Fogo, de la mexicana Ayelén Olaizola, de una hora de duración. Sin olvidar la obligada cuota de cine francés, también han sorprendido la versión china de Las relaciones peligrosasuna miniserie india (Gangs of Wasseypur) de más de cinco horas de metraje, o el documental Room 237, que recoge no pocas disparatadas teorías sobre El resplandor de Stanley Kubrick. De modo que la Quincena se aleja del glamour de la alfombra roja para aglutinar todo tipo de trabajos que merecen la pena ser exhibidos en primicia. En esta edición ha brillado otra América, la del sur.

Infancia clandestina

‘Infancia clandestina’, conmovedora historia sobre política, amor e injusticias.

No hay que quitarle el ojo a dos títulos de tinte político: la coproducción hispanoargentina Infancia clandestina, el primer largo de Benjamín Ávila, una historia autobiográfica sobre la dificultad que supone para un joven vivir en la clandestinidad en su propio país junto a sus padres, activistas políticos contra la dictadura en la Argentina de finales de los años 70. Los dibujos animados que se intercalan en medio de las escenas de acción no pueden ser más acertados, y el crudo relato en tono de thriller político deriva en una agridulce historia de amor. Además, el actor Ernesto Alterio destaca con un personaje entrañable.

NO_GaelGbernal

Gael García Bernal, un creativo dispuesto a cambiar el futuro de Chile en ‘No’.

Otra película muy destacable es la chilena No de Pablo Larraín, con Gael García Bernal, que cambia su habitual acento mexicano para meterse en la piel del creativo publicitario que ideó la camapaña del “NO” en el referéndum por o contra la continuidad del dictador Pinochet en 1988. El gran acierto del film (que puede llegar a contrariar a muchos al principio) es que ha sido rodado con material de la época, y la imagen es tirando a fea, a veces está incuso quemada, pero queda impecable a la hora de introducir el material de archivo, abundante e imprescindible para esta película que no esconde sus fines didácticos.

Sueño y silencio

‘Sueño y silencio’, excelente ejercicio de estilo de Jaime Rosales.

La principal presencia española en Cannes era la del director de La soledad, Jaime Rosales. Su cuarto largometraje es Sueño y silencio, una excelente muestra de cómo su estilo tan característico se va depurando hasta llevarlo casi al límite. Con un espeso blanco y negro en esta ocasión, los diálogos de unos actores semiprofesionales prácticamente improvisados conducen el relato junto a una sucesión de planos larguísimos que hablan por sí solos (especialmente uno de siete minutos en un cementerio). Con profundos cambios durante la producción (en principio iba a ser en color y con actores de caché), Rosales reconoce haber experimentado durante el rodaje como nunca hasta entonces: él se ocupa de la puesta en escena, principalmente de la dirección de actores, mientras que delega los encuadres (la puesta en cuadro) en el operador de cámara. Un nuevo concepto sobre la dirección cinematográfica aplicado a partir de la teoría cuyo planteamiento supone todo un desafío.

Aquí y allá

‘Aquí y allá’, premio de la Semana de la Crítica.

La Semana de la Crítica premia a un director español
La otra sección prestigiosa, la Semana de la Crítica, con siete películas a competición, premió a la cinta Aquí y allá, del madrileño Antonio Méndez Esparza. Con producción entre España, México y USA, trata la vida de un hombre que vuelve a su pueblo mexicano natal con su familia después de una temporada trabajando en Estados Unidos. En episodios, y de forma pausada y precisa, se narra la vida de esta familia que es feliz en su reencuentro, pero sin embargo el matrimonio cuenta con escasas facilidades a la hora de salir adelante con sus hijos. Estando así, como tantos otros, sin merecerlo, en los límites de la pobreza.

Festival de Cannes: un año de cine en once días frenéticos

Festival de Cannes - Palais - marches

“Las malas lenguas no hacen las buenas películas.”
Gilles Jacob, presidente del Festival de Cannes, en sus memorias.

El próximo 16 de mayo arranca la edición número 65 del festival internacional de cine de Cannes, el certamen cinematográfico más poderoso del planeta desde hace décadas. Como no podía ser de otra forma, se presenta otra vez como el gran escaparate mundial para una nueva cosecha del mejor cine de autor. Para este 2012 contaremos con una selección oficial a competición generosa con 22 películas y pocas sorpresas. De los más de 1700 largometrajes que dice haber visionado el equipo que dirige Thierry Frémaux, el hueco para optar a la Palma de Oro es siempre limitadísimo. En la competición hay nombres eternamente fijos (este año es el turno de Haneke, Loach, Cronenberg o Kiarostami), junto a las grandes producciones con estrellas hollywoodienses (esta vez son numerosas con Moonrise Kingdom, On the Road, The Paperboy, Killing Them Softly y Lawless), y a una pequeña (pero siempre obligatoria) cuota de cine francés, que ahora representan Resnais, Audiard y Carax. Si a ello le sumamos otros nombres asentados en el circuito como los de Mungiu, Garrone, Nichols, Reygadas, Seidl y Vinterberg, tan solo queda un recoveco para exotismos (los coreanos Hong Sang-soo e Im Sang-soo, y la cinta egipcia Après la bataille). Y ahí queda hecha la selección. Sin ninguna realizadora y, claro, supone una nota de polémica.

En esta edición el siempre controvertido jurado oficial lo dirige otro de los grandes nombres de Cannes: Nanni Moretti. Da que pensar que este hijo pródigo del festival presentara en la selección oficial de 1978 su segundo largometraje, Ecce Bombo, cuando tan solo contaba con 25 años de edad. Un hecho, tal y como queda comprobado, hoy en día imposible. Ahora los nuevos directores tan solo encuentran su lugar, bien en la sección Un certain regard (miedo me da el tercer largometraje del canadiense Xavier Dolan, de 23 años), en la Quincena de los Realizadores y la Semana de la Crítica, o ya en la más modesta selección de L’acid. La Quincena suele guardar gratas sorpresas y este año ahí encontramos también a directores reconocidos como Michel Gondry (The We and The I) o la gran baza española de este año: Sueño y silencio de Jaime Rosales.

Vivir (y morir) en el festival
Es necesario vivir el Festival de Cannes para conocerlo bien y, sobre todo, sentir lo que representa. Creo que es de esos acontecimientos cruciales, como un cumpleaños o un aniversario, que es necesario celebrar sin excepción todos los años, siempre y cuando sea posible. Mi primera experiencia fue en 2010, con una selección más bien pobre marcada por la crisis y la ausencia de The Tree of Life de Terrence Malick, que no estaría lista hasta la edición de 2011. Aún me recuerdo en el tren de camino, leyendo con rabia el editorial de Cahiers du Cinéma en el que se comparaba, hablando del “mundial del cine”, la baja de Malick a lo que supondría la hipotética ausencia de Messi en la cita mundialista que se celebró meses después en Sudáfrica.

Este 2012, que será mi segunda experiencia en vivo, vuelve a estar marcado en cierto modo por la ausencia de Malick, aunque en este caso es más comprensible al haber triunfado en la pasada edición y a que los diversos proyectos que tiene en marcha todavía cuentan con numerosas incógnitas. Además, Malick y sus Días del cielo están siempre presentes de alguna forma en la cabecera del festival que precede a todas las proyecciones. La diferencia es que en esta ocasión ya sé con más certeza lo que me voy a encontrar. Por una parte, las hordas de glamour y postureo extremo detrás de la alfombra roja. Pero una vez te alejas del cliché más burdo del festival (que en algunas situaciones roza lo denigrante), uno se encuentra a la caza de cualquier proyección, inmerso en un laberíntico e inmenso rincón repleto de miles de profesionales del cine.

Porque, en realidad, el gran negocio de Cannes es el Marché du Film –por tanto, lo más importante de la cita–, donde se negocia por la distribución en salas y festivales de todo el mundo, por las películas del certamen y otras no presentadas pero ya terminadas, u otras por terminar y, también, por los cortometrajes y cualquier producción por hacer. Como en este momento no soy ni crítico, ni periodista, ni productor, ni distribuidor, ni director, ni guionista, sino que actualmente soy un proyecto de todas esas profesiones y alguna más, vuelvo a Cannes para ver, aprender y disfrutar.