Una de Hollywood en París

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Harrison Ford y Emmanuelle Seigner en ‘Frenético’ (Roman Polanski, 1988).

Tras una larga cola de espera, conseguí visitar la exposición Paris vu par Hollywood, abierta al público del 15 de octubre al 15 de diciembre en el Hôtel de Ville. Es una muestra muy completa y cronológica de las recreaciones de la ciudad de París por el cine norteamericano, bien en los estudios hollywoodienses o bien rodando en la propia capital francesa. Desde el cine más primitivo hasta Hugo Cabret de Martin Scorsese, la exposición nos concede así una lista de hasta 100 películas.

Uno de ésos films es Frenético (Frantic, 1988) de Roman Polanski, en el que un reputado médico (Harrison Ford) de viaje en París para dar una conferencia, se ve obligado a ir en busca de su mujer, que le acompañaba en el viaje y ha desaparecido en el hotel misteriosamente. Por su conocido protagonista, sería un error quedarse únicamente con el carácter puramente comercial de la cinta, y conviene no olvidar que Polanski otorga a la película su signo autoral, guardando incluso rasgos de su anterior película rodada en París, El quimérico inquilino (Le locataire, 1976).

En Frenético impresiona gratamente el personaje de Michelle (una jovencísima Emmanuelle Seigner) que aparece avanzada la cinta para conquistarnos a todos. No olvidemos que se convertiría poco después en esposa del director. La sensualidad llega a la película de la mano de la actriz francesa junto al tema Libertango de Grace Jones. La canción suena hasta tres veces durante el metraje. Las dos primeras ocasiones es dentro del coche que conduce la joven con el angustiado profesor Richard Walker a su lado. En la segunda de ellas, el Libertango da lugar a una breve conversación, que gana mucho con las interpretaciones pero que reproduzco a continuación porque me parece que está muy a la orden del día:

Michelle: ¿Qué tipo de música te gusta?
Dr. Richard Walker: No sé. Música antigua. Clásicos sobre todo.
Michelle: Sí, a mí también. ¿Te gusta ésta?
Dr. Richard Walker: Ésa no es vieja.
Michelle: Oh, tiene tres o cuatro años.

La tercera vez que suena el Libertango de Grace Jones es en una discoteca, a donde llega la pesquisa de esta pareja improvisada. El baile no tiene desperdicio: la Seigner lo da todo frente a la impasividad del hombre casado. Y es que Frenético, en cierto modo, es el contrapunto a la típica historia de amor en París. El romance tan sólo se vislumbra con sutileza, porque los protagonistas –de medios opuestos– no tienen respiro alguno en su peligrosa aventura parisina. A mí me parece una película a rescatar y para nada vieja. Aunque algunos podrán decir con razón: “Oh, tiene tres o cuatro décadas”.

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Verano en la sombra con exposiciones y dramas ‘indies’

Trabajar en verano siempre es duro, pero lo es un poco menos cuando estás en una gran ciudad todavía por descubrir, como es París en mi caso. Después de las (algo más de) 35 horas semanales de jornada, queda algo de tiempo libre para seguir conociendo la ciudad y esa infinita oferta cultural que incluso llega a asfixiar, sin dejarte elección muchas veces. Como tantas otras capitales, París se vacía en agosto, aunque el flujo de turistas no cesa en ciertos rincones (a los aledaños de Notre Dame y el Sacré Cœur mejor ni acercarse en cualquier época del año).

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Dibujos inéditos de Tim Burton en la exposición de La Cinémathèque.

En las últimas semanas he visitado varias exposiciones destacables. La más sonada ha sido la de Tim Burton en la Cinémathèque française, a la que fui un día antes del cierre junto a demasiada gente. Sí, y es que ha sido todo un éxito durante los casi cinco meses abierta al público, con más de 200.000 entradas. El talento de Burton es indiscutible, y la parte más sorprendente de esta muestra (que viene del MoMA) son los dibujos y bocetos del director de Eduardo manostijeras. Después, los mitómanos seguro que quedaron bien satisfechos al encontrar un recorrido de su filmografía (estancada estos últimos años, reconozcámoslo) con algunos de los diversos y pintorescos artilugios sacados de sus películas.

Otras exposiciones parisinas que bien valen una visita:

En el apartado cine, disfrutando de proyecciones al aire libre y sin ganas de discutir el último Batman, que he visto. Es más, es que me resulta imposible aportar algo nuevo sobre una película de la que todo el mundo repite lo mismo (lo mainstream es lo que tiene). Me ha sorprendido gratamente Laurence Anyways (todavía sigo escuchando y tarareando su banda sonora). Es el tercer largometraje del canadiense Xavier Dolan, que a los 23 años por fin me ha convencido tras dos primeros intentos excesivamente ególatras, pero que seguro que ganan con el tiempo. Y, sí, yo también he echado de menos a Marilyn viendo alguna de sus películas.

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El debutante Jacob Wysocki y John C. Reilly en ‘Terri’ (Azazel Jacobs, 2011).

En todo caso, prefiero destacar tres películas estadounidenses indies (esa palabra que odio y siempre evito pronunciar pero no puedo al no encontrar otra mejor para definir esos filmes). 50/50 y Terri vienen de la factoría Sundance y cumplen a rajatabla con ese sello inconfundible: temas duros, amor de por medio, directores jóvenes y bajo presupuesto pero sin renunciar a la vez a actores reconocidos en el reparto. En Terri, John C. Reilly hace de profesor enrollado frente a un joven obeso (Terri) un tanto raro pero con un gran corazón, que, por si fuera poco, tiene la estupenda idea de pasearse por el instituto en pijama. Eso sí, incluso liga. Lo del pijama es mucho power.

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Joshep Gordon-Levitt y Seth Rogen en ’50/50′ (Jonathan Levine, 2011).

En 50/50 Joseph Gordon-Levitt interpreta a un feliz joven al que repentinamente le diagnostican cáncer. Lo mejor del film es su mejor amigo, Seth Rogen, a su lado en todo momento. Se echa en falta alguna alusión al pésimo servicio sanitario en USA a la hora de afrontar un tratamiento de ese tipo. Pero el film no es social, sino una comedia dramática, que se permite desdeñar el asunto gracias a unos cuantos gags acertados. La exitosa serie catalana Pulseras rojas de Albert Espinosa trata el mismo tema, a ver si algún día me pongo al día con ella si encuentro la forma de verla desde la distancia.

The Color Wheel

Alex Ross Perry y Carlen Altman en ‘The Color Wheel’ (2011).

En realidad, de lo que tenía ganas de escribir es de otro trabajo venido de USA, este sí que es INDEPENDIENTE con todas las letras, y por ello más digno de elogio. Se trata de The Color Wheel, segundo largometraje de Alex Ross Perry, con tan solo 28 años de edad, rodado en blanco y negro. Se presentó en Locarno 2011 (un festival más que interesante, donde se reúnen buena parte de los trabajos “rechazados” por otros festivales) y ha llegado a estrenarse en Francia este verano con cierto ruido mediático. The Color Wheel es una road movie que emprenden dos hermanos, que son el propio director/guionista/productor y la coguionista del film, Carlen Altman. Planos largos y diálogos naturales e improvisados, que desde luego no siempre funcionan, importando sobre todo la esencia de la historia: el devenir de dos jóvenes exasperados (el previo o quizás el posterior paso a la actual indignación juvenil) que se comportan como adolescentes ante el abismal futuro inmediato que se les viene encima. Una eterna aspirante a actriz que ya se conformaría de sobra con ser chica del tiempo y un joven cada vez menos apuesto se enzarzan continuamente entre ellos y con todo el que se les cruza, ya sean desconocidos, exparejas o viejos amigos. Todo ello con la mejor herencia del cine norteamericano contemporáneo (Cassavetes, Allen o Jarmusch). Hermanos, sí, pero que guardan un final nada esperanzador para la generación que retratan, con una secuencia tan inesperada que te deja, como poco, sin respiración.

Bueno, y a seguir con las lecturas veraniegas. Ese apartado, de momento, lo guardo para mí.

Raymond Cauchetier, el reportero de la Nouvelle Vague

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“Las fotografías de Raymond Cauchetier son, en sí mismas, obras centrales de la Nouvelle Vague.”
Richard Brody, Aperture Magazine, número 197 (2009). 

Muchas imágenes de películas emblemáticas que ahora vemos a menudo en pósteres, calendarios, cuadernos, camisetas, chapas o avatares, solemos asociarlas al director de la película. Raras veces nos paramos a pensar que la persona que está detrás del objetivo de esas instantáneas es un fotógrafo profesional, al que se contrató para aportar su visión y ofrecer un testimonio del rodaje.

El fotógrafo francés Raymond Cauchetier (París, 1920) es uno de ellos, al que vemos hoy en día como un privilegiado. Estuvo capturando imágenes en, entre otros, los rodajes de Al final de la escapada, Lola, Adieu Philippine o Jules et Jim, películas esenciales de la Nouvelle Vague que dirigieron con entusiasmo e inigualable ingenio Jean-Luc Godard, Jacques Demy, Jacques Rozier y François Truffaut.

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La carrera más romántica y famosa de la historia del cine en 'Jules et Jim' (1962).

La Polka Galerie de París ofrece una pequeña muestra de esas fotografías en la exposición Le cinéma du reporter, abierta al público del 25 de enero al 3 de marzo de 2012, que he tenido la oportunidad de visitar recientemente. Los más privilegiados pueden adquirir en persona reproducciones exclusivas por un precio entre los 2000 y los 4000 euros. Los menos afortunados, nos contentamos de sobra con apreciar, en tamaño ampliado, aquellos inolvidables momentos recogidos por Cauchetier.

Unas poses tan naturales como las de Jean-Paul Belmondo con Jean Seberg en los Champs Elysées y en el Hôtel de Suède, un nervioso Godard junto a su cámara Raoul Coutard, Anouk Aimée de irresistible cabaretera, o las de una disfrazada Jeanne Moreau con Oskar Werner y Henri Serre corriendo sobre el puente, son unos instantes que demuestran, no ya solo cómo el cine se liberó de algunas normas establecidas hasta entonces, sino que también transmiten una alegría de vivir que sigue perdurando y perdurará.