La estación de Fruitvale

Fruitvale-Station-

‘Fruitvale Station’ (Ryan Coogler, 2013).

Toda película estadounidense que gana el Gran Premio del Festival de Sundance tiene que poseer algo especial para conectar a la audiencia con la realidad del momento. En la edición de 2013, tras la extraordinaria Beasts of the Southern Wild (2012), la recompensa fue para Fruitvale Station, primer largometraje de Ryan Coogler, que he podido ver en el que es ya mi cine favorito. No estamos ante una película que merezca todos los elogios, porque su conjunto es muy irregular: la realización cámara en mano es impecable, el personaje principal (Michael B. Jordan) lleva todo el peso sin flaquear ni un instante, pero son quizá los personajes secundarios y subtramas quienes aportan cierta nota melodramática restándole seriedad al conjunto, en detrimento de un componente trágico que probablemente no necesitaba mayor énfasis.

Conviene además tener muy en cuenta que Fruitvale Station está basada en hechos reales. La trama gira en torno a las últimas horas de vida del joven Oscar Grant, asesinado por un policía imprudente (otro de tantos) en una estación de metro de Oakland, California, en la noche de Año Nuevo de 2009. Las imágenes reales captadas por los testigos -las mismas que posteriormente han sido filmadas a modo de ficción- son escalofriantes.

Otro punto a favor de la cinta es que el relato es lo suficientemente contundente como para mantener la tensión aun cuando se conoce el desenlace de los acontecimientos. De modo que prefiero quedarme con ese ritmo de angustia y con esa realidad que se respira. Pero que sí, una lástima, queda por momentos relegada a un segundo plano al potenciar el componente familiar, haciendo demasiado evidente la injusticia de la historia, especialmente con la presencia de Octavia Spencer como madre del protagonista.

Un dato a tener en cuenta. No es casualidad que coincidan con el mandato de Obama tantas películas que tocan el racismo de forma no ya explícita, sino como tema principal. Otros éxitos sonados o asegurados en 2013 son Django Unchained, The Butler 12 Years a Slave. Es evidente que en Estados Unidos, sobre todo ahora que hay un gobierno demócrata, política e industria del cine van casi de la mano.

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Una sala independiente y la dichosa frase

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El Nickelodeon Theatre, la única sala de cine independiente en Columbia, SC.

Entre las razones que me han arrastrado hasta los Estados Unidos, está mi loco afán por el cine y poder conocer en persona el país donde, como ya sabemos, está su mayor industria. Aunque precisamente no estoy en un lugar donde al cine se le preste especial atención, sino que simplemente está ahí presente como en cualquier otra parte del mundo. De todas formas, esto es América, y el acto de ir to the movies sigue teniendo buena parte de ritual. Lo pude comprobar en mi primera experiencia en una multisala estadounidense viendo Elysium: cubos enormes de palomitas recubiertas de mantequilla y una panzada de tráilers de películas pertinentemente clasificadas por edades fueron los dos detalles que más me llamaron la atención. Otro, con el que ya contaba, es que las películas son en versión original… sin subtítulos.

Me lo habían mencionado antes de llegar a Columbia: “Si te gusta el cine, tienes que ir al Nickelodeon Theatre. Ahí ponen muy buenas películas y muchas extranjeras”. En efecto, el Nick está en pleno centro de la ciudad a diferencia del resto de salas que se encuentran, sino en las afueras, sí alejadas del downtown, y se autodefine como nonprofit cinema (sin ánimo de lucro). Así que ya soy socio de este nada selecto club que lleva funcionando desde 1979 y trayendo así películas de todo el mundo, más o menos independientes, junto a ciclos temáticos y festivales de cortos. Y además de palomitas uno puede pedir cerveza o vino y entrar servido en la sala.

De modo que me atrevería a decir que por primera vez me he tomado una cerveza dentro de una sala de cine. Ha sido viendo Blue Jasmine, la nueva de Woody Allen. Aquí, en Carolina del Sur parece haber quedado relegada al circuito reducido. Aunque en esta ocasión no ha sido del todo así en todo el país, ya que la distribución de sus películas vuelve a ser masiva gracias al (¿inesperado?) éxito de Midnight in Paris. Voy a pasar de puntillas por esos comentarios de la película que ya empiezan a retumbar: Cate Blanchett haciendo de mujer desclasada lo borda, cada personaje secundario justifica con creces su presencia y, sí, será porque filma en casa de nuevo… Vuelve el mejor Woody Allen (seguro que hasta después de Vicky Cristina Barcelona alguien utilizó esa dichosa frase).

Y son muchas las versiones de Blue Moon que podría haber elegido Woody Allen. En esta ocasión ha sido una nueva versión instrumental. Mi favorita sigue siendo la de Django Reinhardt.