Mis 5 películas ‘neocultas’

Neoculto

“El buen gusto, qué cosa tan terrible. Es el enemigo de la creatividad.”
Pablo Picasso

En una reciente visita a Madrid, traje de vuelta a tierras francesas el libro Neoculto, editado por Calamar Ediciones con la colaboración del festival de Sitges, coordinado por Ángel Sala (actual director del certamen) y Desirée de Fez (crítica de cine). Envuelto por el hombre garfio de Rolling Thunder (El ex-preso de Corea, John Flynn, 1977), el tomo trae consigo un considerable número de firmas, que juntas todas ellas, consiguen trazar una muestra bien representativa, no solamente para dar una respuesta definitiva al llamado “cine de culto”, también para ofrecer una panorámica de la contracultura que se dibuja en España en este momento. En esta convulsa primera etapa del siglo XXI, conviene buscar las voces de la intelectualidad más que nunca.

Tras un compendio de textos premeditadamente ecléctico, en el que más vale entrar y discutir pero en ningún caso ignorar, encontramos al final de Neoculto una generosa lista de cien películas que, sin ser las más consabidas, el tiempo ha puesto en una especie de altar de las deidades rebeldes del cine. El segundo anexo es otro regalo: las cinco cult movies de numerosas personalidades, desde los propios colaboradores del libro a figuras del cine tales como Roman Polanski, Peter Greenaway o Emir Kusturica. Y el hecho de que se contara con mi estimado –y lamentablemente hoy olvidado para el gran público– Jordi Grau, ganó mi aprecio total por este tomo.

Mientras todavía digiero Diamond Flash (Carlos Vermut, 2011), el último descubrimiento que nos hace Neoculto, pienso que sería injusto comparar tan rápido el multidisciplinar trabajo de Vermut con Arrebato (Iván Zulueta, 1979). Como bien sabemos (más aún) después de esta obligada (aunque plácida) lectura, los años sitúan a las películas en su debido lugar. Siempre y cuando el espectador guarde buenas dosis de curiosidad e inconformismo para reconducir su aleatorio destino.

En otros casos podría tratarse de una osadía, pero es que este libro incita a ello, a saltarse las reglas y a rebajar el pudor, ya sea con un bolígrafo, una cámara o, en este instante, un teclado de ordenador. Así que siguiendo la iniciativa de Philipp Engel en Fotogramas, creo que no hay mejor forma de promover la lectura de Neoculto que incitar a todo el mundo a elegir sus 5 películas cultas. Ahí van las mías. Tan sólo espero que no te gusten.

El pequeño fugitivo (Little Fugitive, 1953) de Morris Engel, Ray Ashley, Ruth Orkin
El espontáneo (1964) de Jordi Grau
Yoyo (1965) de Pierre Étaix
Barry Lyndon (1975) de Stanley Kubrick
El amante del amor (L’homme qui aimait les femmes, 1977) de François Truffaut

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Reflexiones frente al poder mediático

Reflexiones frente al poder mediático

Kad Merad en ‘Superstar’ de Xavier Giannoli, Roberto Benigni en ‘To Rome With Love’ de Woody Allen, ‘Reality’ de Mateo Garrone y la miniserie ‘Black Mirror’ de Charlie Brooker.

No parece mera casualidad que hayan aparecido en este año 2012 varias producciones que, desde distintos puntos de vista, plantean una oportuna reflexión sobre la influencia de los medios de comunicación, la instantaneidad de la información y, como novedad, sus consecuencias inmediatas y directas en pleno apogeo de la era de Internet.

En el pasado festival de Cannes, se presentó Reality del italiano Mateo Garrone. Sería un error considerarla solamente como una caricaturesca comedia costumbrista (que también lo es, y muy acertada) y olvidar así el contundente recado que plantea la película: la escasez de valores y perspectivas en la sociedad actual, ejemplificándolo en la vida de un pescadero napolitano que cambia radicalmente por su progresiva y enfermiza obsesión de querer participar en un concurso de Gran Hermano, a cuyo cásting participa empujado por sus hijos y no por iniciativa propia.

Es curioso cómo este tipo de reflexiones se llegan a solapar unas con otras. Es el caso del film francés Superstar de Xavier Giannoli y el personaje de Roberto Benigni en To Rome With Love de Woody Allen, dos películas estrenadas durante el verano y, por tanto, no se trata de un plagio sino de una coincidencia incitada por los tiempos que corren. Ambos directores plantean exactamente la misma idea: un hombre se convierte en celebridad de un día para otro sin motivo alguno. En ambos casos al protagonista le cuesta sobremanera asimilar su nueva situación de personaje mediático, porque no ha hecho nada en especial para merecerlo. Pero la gente los reconoce por la calle, les hacen fotos y vídeos que comparten inmediatamente en Internet –generando el llamado buzz– y son solicitados por las televisiones para ser entrevistados y participar en sus programas. En la cinta de Woody Allen se trata de un gag que encaja perfectamente en el contexto de una cierta Italia berlusconiana que pretende, sino retratar, al menos insinuar; mientras que Giannoli estira la idea en todo un largometraje y la situación se permite dar un giro: el hombre corriente (Kad Merad) llegará a extrañar su estatus de celebridad una vez lo pierda en cuestión de días.

Así, fenómenos reales (pero que tienen igualmente mucho de extravagante) como la desastrosa restauración del Ecce Homo que se convirtió en obra de arte, o el heroico camarero que defendió a los manifestantes el pasado 25-S, son dos ejemplos perfectos de cómo la realidad llega a superar incluso a la ficción: Allen y Giannoli han optado por ilustrar la celebridad instantánea mediante situaciones irracionales, evocando de esta forma el hecho de que cada año varias decenas de personas se hacen famosas para caer inmediatamente en el olvido, siguiendo la máxima de Andy Warhol de que todo el mundo tendría sus 15 minutos de fama alguna vez en la vida.

La miniserie británica Black Mirror apareció a finales de 2011 pero se ha difundido por la red y la televisión a lo largo del siguiente año. Es la producción más incisiva de todas las mencionadas, la más explícita y brutal. Son tres episodios independientes entre sí pero todos ellos tratan la influencia de la esfera mediática en un futuro no demasiado lejano. Si en el primer episodio (El himno nacional) un primer ministro se ve obligado a cometer un “acto indecente” en público para salvar a la princesa de turno que ha sido secuestrada, en el segundo (15 millones de méritos) es un concurso de jóvenes talentos el que explica la locura por la fama. En la tercera entrega (Tu historia completa) está seguramente el planteamiento más inquietante: una sociedad dónde la vida queda permanentemente registrada en vídeo y se puede acceder a sus imágenes en cualquier momento. Esto da lugar a una situación más que comprometida en medio de una relación de pareja. Algo terrible visto desde una versión futurista y extrema, pero que ya sucede actualmente cuando disponemos, a golpe de clic, de los comentarios, fotos y vídeos que hemos ido agregando en las redes sociales a lo largo de los años. Y como bien se encarga de demostrar Black Mirror, no es justo ni necesario que esas acciones tengan que atosigarnos durante toda nuestra vida. Aunque ante la falta de soluciones, de primeras quizá lo mejor sea tener más cuidado con todo lo que hacemos y decimos.

Restrospectiva Otto Preminger: Anatomía de un maestro

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James Stewart en ‘Anatomy of a Murder’ (Anatomía de un asesinato, 1959).

Texto original escrito en francés por Olivier Père para el catálogo de La Cinémathèque française (septiembre-noviembre 2012) con motivo de la retrospectiva Otto Preminger del 30 de agosto-8 de octubre 2012, en colaboración con el Festival de Locarno y La Cinémathèque Suisse.

Entre las películas realizadas por Otto Preminger, algunas han adquirido una celebridad inmortal: Laura a la cabeza, más por la mitología del cine negro y la presencia inolvidable de Gene Tierney que por la firma de su autor; Carmen Jones (durante mucho tiempo invisible en Francia a causa de un juicio con los herederos de Bizet); Anatomy of a Murder/Anatomía de un asesinato (por la genial interpretación de James Stewart y la música de Duke Ellington); The Man With The Golden Arm/El hombre del brazo de oro (por Frank Sinatra en su mejor papel y la música de Shorty Rogers y Shelly Manne), River of No Return/Río de no retorno (por Marilyn Monroe). Estos famosos títulos, grandes éxitos de la historia del cine americano, llevan la marca y la personalidad de un cineasta que rápidamente ha suscitado la admiración de la cinefilia europea, mientras que en el mejor de los casos era considerado en Estados Unidos como un habilidoso emprendedor de espectáculos.

UN ARTE DE LO INVISIBLE
¿Qué simboliza a día de hoy Preminger? Su cine aparece como el apogeo del clasicismo y reposa sobre un arte del equilibrio y un genio de la composición plástica tanto como de la narración, que engloba destinos individuales e Historia, violencia y contención, inteligencia fría y emoción, escepticismo altivo y humanismo.

El arte de Preminger es un arte de la invisibilidad, lo que sin duda ha frenado su reconocimiento como autor. Sus filmes ofrecen una ilusión de continuidad gracias a su trabajo fluído y armónico en el interior de los planos y las secuencias.

Preminger es el cineasta clásico por excelencia, porque su arte desprecia la experimentación vistosa y sitúa el dominio de la escritura cinematográfica en beneficio de la evidencia, del realismo y de la dramaturgia. Un film como Exodus (Éxodo) (sin duda el más bello y el más representativo del Preminger de los años 60) transcurre así como un largo y majestuoso río, adaptando el tema del film sobre la amplitud de la Historia que absorbe los conflictos y los destinos personales.

Otto Preminger nace en Wiznitz, en Austria-Hungía, en 1905. Estudia la dirección en Viena junto a Max Reinhardt, antes de exiliarse a los Estados Unidos en 1934. Al principio hace teatro en Nueva York, después cine en Hollywood. Lo que desconcierta aún más, es la variedad de temas y de géneros abordados por Preminger, la heterogeneidad –superficial– de la obra, fragmentada en varios periodos distintos. Preminger realiza cinco películas antes de Laura, una primera en su Austria natal (The Great Love), las otras para el departamento B de la Fox, de las que el cineasta reniega en su conjunto; y después llega Laura (1944), obra maestra inaugural.

Tras un conflicto entre Otto Preminger y Daryl Zannuck, Laura fue empezada por otro cineasta (Rouben Mamoulian) antes de que Preminger pudiera finalmente tomar el control del film y llevar a buen puerto un proyecto del que había sido instigador. El resultado, genial, marca el auténtico debut en la carrera del cineasta.

El cine negro de Preminger merece sin duda un lugar a parte, porque no le respetan para nada los cánones del género. A partir de Laura, Preminger firma una serie de estudios psicológicos remarcables por su coherencia y su densidad novelesca: Fallen Angel (¿Ángel o diablo?), Whirlpool (Vorágine), Where the Sidewalks End (Al borde del peligro), Angel Face (Cara de ángel).

HACIA UNA PRODUCCIÓN INDEPENDIENTE
El tercer periodo de la carrera de Preminger, el más singular, es el de una independencia y una madurez soberana. En 1953, cansado de las molestias con la censura y de las broncas con los responsables de los estudios, Preminger decide convertirse en su propio productor y ejercer un control absoluto en sus películas, de la elección de los temas a la campaña publicitaria que acompaña su distribución, abriendo así la vía a Billy Wilder, Robert Aldrich y Stanley Kubrick.

Un contrato sin precedentes con la United Artists va a garantizar así a Preminger una completa autonomía sobre la concepción de sus películas, incluyendo el control del montaje definitivo. Después de la era de las estrellas y la de los productores, Preminger va así a suscitar la imagen de un director perfeccionista y autoritario, auténtico autor de la película, incluso su estrella principal.

Preminger va a inaugurar de forma simbólica este periodo de libertad y de creatividad con The Moon is Blue (La luna es azul, 1953), una comedia cuyo contenido, todavía escabroso para la época (el flirteo entre un maduro seductor y una joven virgen) y sobre todo unos diálogos de lo más explícito, no habrían superado jamás el obstáculo de la autocensura de los estudios, poco deseosos de tener que afrontar el boicot de las organizaciones católicas. Sin embargo, Preminger entendió rápidamente la publicidad gratuita que podría aportar un buen escándalo hábilmente orquestado.

UNA IMPRESIONANTE LISTA DE OBRAS MAESTRAS
Los siguientes filmes de Preminger constituyen una lista impresionante, entre 1954 y 1962, de puras obras maestras, o casi: River of No Return (Río de no retorno), Carmen Jones, The Court-Martial of Billy Mitchell (El proceso de Billy Mitchell), The Man With The Golden Arm (El hombre del brazo de oro), Saint Joan (Santa Juana), Bonjour tristesse (Buenos días, tristeza), Porgy and Bess, Anatomy of a Murder (Anatomía de un asesinato), Exodus (Éxodo), Advise and Consent (Tempestad sobre Washington). Ignorada, Saint Joan (1957) es en cambio uno de los filmes más sublimes de Otto Preminger, en el cual el cineasta confirma su genio en la dirección de actrices juveniles y la psicología femenina, la inteligencia en la adaptación de textos o de los libretos, la elegancia de la puesta en escena resolviendo con una suprema soltura los problemas que supone el paso del teatro a la pantalla.

Evidentemente el film no sería el mismo sin Jean Seberg, una joven de diecisiete años del Medio Oeste, sin ninguna experiencia teatral ni cinematográfica, elegida entre cientos de miles de candidatos examinados por todo el mundo. Santa Juana fue un fracaso doloroso en el momento de su estreno y la actuación de Jean Seberg calificada como falsa, demasiado en avance para la época, sin duda. Preminger no se derrumba y confía a su protegida el papel principal en su siguiente película, una adaptación de la novela de Françoise Sagan, Buenos días, tristeza: nuevo film magnífico, incomprendido en el momento de su estreno y que no obtiene el éxito esperado. Anatomy of a Murder (1959) está entre los mejores títulos de Otto Preminger y del cine clásico hollywoodiense, que vive sus últimas horas de gloria. El film desmenuza el sistema judicial y traza el retrato de un abogado que pone toda su profesionalidad y su inteligencia al servicio de una causa que no las merece. Preminger pone aquí la maestría, sus grandes inquietudes como cineasta, y el propio tema del film queda doblegado por su propia crítica.

En Advise and Consent (1962) la perfección de la forma y la inteligencia del discurso casan a la perfección. Es el segundo film coral consecutivo de Preminger, después Éxodo (1960) sobre el nacimiento del Estado de Israel. Esta vez de nuevo, la multiplicidad de personajes, las opiniones y los puntos de vista están llamados a restituir la realidad estudiada en su globalidad y su complejidad. En 1963 Preminger realiza un nuevo fresco a la vez monumental e intimista, dedicado esta vez al funcionamiento de la Iglesia católica, a criticar su posicionamiento complaciente en la anexión de Austria por parte de Hitler. Así The Cardinal (El Cardenal) es un film moralista bajo las apariencias del espectáculo consensuado. Admirablemente dirigido y de una inteligencia mordaz, The Cardinal desgrana una a una las ambigüedades del poder y de la fe, incluso si el episodio de Viena sobre la intervención Nazi en el Vaticano está marcado por una especie de idealismo democrático que Preminger fue el primero en reivindicar.

En los años 50 el cineasta había alcanzado, por una sucesión regular de obras maestras, un equilibrio mágico entre el éxito comercial, una audaz inteligencia en los temas y la elegancia clásica de su puesta en escena. Después de Bunny Lake is Missing (El rapto de Bunny Lake), brillante thriller rodado en Londres en 1965, Preminger se atasca en una serie de fracasos o películas menores (Hurry Sundown/La noche deseada; Skidoo; Telle Me That You Love Me, Junie Moon/Dime que me quieres, Junie Moon); Such Goof Friends/Extraña amistad; Rosebud/Desafío al mundo), que dan la impresión que su cine se ha vuelto caduco, pasado de moda frente a las audacias del Nuevo Hollywood. Preminger, que había conseguido retroceder las barreras de la censura y de los prejuicios morales, se encuentra enormemente desprovisto mientras que el cine norteamericano de los años 70 se encuentra sumido a menudo en la trivialidad y la provocación. En 1979, a la edad de 73 años, Preminger adapta en Gran Bretaña una novela de Graham Greene y firma un conmovedor testamento cinematográfico, que disimula detrás de una oscura historia de espionaje una constatación amarga de un mundo destinado al cinismo, a la hipocresía y a la destrucción del individuo. The Human Factor es una recapitulación del arte de Preminger al mismo tiempo que un adiós. El humor es ahí más frío que nunca, el conflicto entre el realismo y el onirismo de la puesta en escena definitiva es demoledor. Por su desencanto y su destructora belleza, The Human Factor reúne los testamentos estéticos y morales de algunos de los grandes cineastas: Ford (Seven Women/Siete mujeres), Lang (Die 1000 Augen des Dr. Mabuse/Los crímenes del Doctor Mabuse), Visconti (L’innocente/El inocente). Preminger fallece en Nueva York el 23 de abril de 1986.

Olivier Père (Marsella, 1971) ha sido programador de la Cinémathèque française, director de la Quinzaine des Réalisateurs de Cannes durante 2004-2009 y director del Festival de Locarno desde 2009-2012. Actualmente es el director general de ARTE France Cinéma.

© 2012 Olivier Père / La Cinémathèque française

Texto traducido al español por Hugo Pascual Bordon y publicado en este blog con la autorización del autor.