Cannes 2012: impresiones de una edición incomprendida

Una vez llegado a su fin el ajetreo del festival de Cannes, el atracón que supone ver hasta cinco películas importantes en un mismo día, las largas colas, el sol o, también  este año, la lluvia, viene bien hacer un repaso por los más de veinte nuevos trabajos que he podido ver durante siete días. Como ya anunciaba la programación, se trata de una edición sin grandes sorpresas, de acuerdo, pero al mismo tiempo conviene no quedarse solamente con esa versión oficial (la de los críticos y periodistas que -por tiempo, por cansancio, por pereza- se pasan a ver únicamente las películas de la competición) e intentar así sacar algo en positivo -que lo hay, y mucho- de las otras secciones que componen el conjunto de este gigantesco certamen de cine.

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Haneke, con la Palma de Oro por ‘Amour’, junto a los protagonistas del filme.

Un palmarés repetido
Había algunas reticencias frente al nuevo film de Michael Haneke: un matrimonio octogenario golpeado por la enfermedad encerrado en un apartamento bajo el título Amour, era sospechoso de pretenciosidad. Sin embargo, se trata de una película de una contención espasmosa, con un ritmo fatídico, pero nada pesado, y con dos veteranos actores de categoría como Jean-Louis Trintignant y Emmanuelle Riva que no tenían nada que demostrar a estas alturas pero que han dado un inmejorbale broche final a su carrera. Amour encierra un punto de inflexión en el metraje que le otorga una atmósfera de humanidad y debate social al relato, y una sensibilidad fuera de lo común, que le hace justo valedor de la Palma de Oro, la segunda para Haneke en tres años. Después de verla, tan solo me quedan dudas de si a Maurice Pialat, autor de la similar y todavía más sórdida La gueule ouverte (1974), le gustaría esta otra cara de la misma moneda.

Reality Garrone

En ‘Reality’, un pescadero acabará desesperado por concursar en Gran Hermano.

Con respecto a las obras premiadas por el jurado presidido por Nanni Moretti, me alegro en especial por el reconocimiento a Reality de Matteo Garrone con el Gran Premio del Jurado (que ya obtuvo en 2008 por Gomorra). Denostada por muchos desde su planteamiento (en una cola llegué a escuchar eso de: ¿Va sobre los reality shows? – ¡Horrible!), sin pensar que se trata de reflexionar y mostrar no ya la absurdez de ese tipo de concuros, sino que por medio del retrato de una modesta familia del sur de Italia, Garrone va más allá en su crítica, dirigiéndola hacia la creciente falta de objetivos y valores en la sociedad actual.

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En ‘Beyond the Hills’, Mungiu carga duramente contra el fanatismo religioso.

Lo que sí estaba más cantado es que Cristian Mungiu (Palma de Oro en 2007 por 4 meses, 3 semanas y 2 días) podría llevarse algo con Beyond the Hills, una profunda e inquietante historia de dos amigas más confundidas que enfrentadas (merecido premio de interpretación y al mejor guión) en un monasterio en la Rumanía profunda, que lleva por delante un rotundo mensaje contra el fanatismo.

Otro habitual de los festivales es el danés y exdogmático Thomas Vinterberg, que vuelve al tema de los abusos a menores en The Hunt (La caza), donde destaca Mads Mikkelsen (premio a la interpretación masculina), un profesor acusado injustamente de abusos sexuales a menores, un relato que provoca escalofríos pero una vez te replanteas el transcurso de los acontecimientos, se queda uno con cierto sabor a telefilme.

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Resnais sienta a sus actores en la ficción y en la realidad ante su film testamento.

“Lo nuevo de…” que de nuevo tiene poco…
Se repite hasta la saciedad durante el festival eso de que vamos a ver “lo nuevo de…” y lo que acabamos encontrando es más de lo mismo. El repetitivo humor del coreano Hong Sang-soo, In Another Country, demostró que competía este año por contar con la presencia de Isabelle Huppert. Lo mismo sucedió con el (seguramente) último trabajo de Alain Resnais, Vous n’avez rien encore vu (Todavía no habéis visto nada), que contaba con el respaldo del certamen por tratarse del célebre director francés y por contar con un elenco de primera, con unos actores galos que salvan el teatrillo en torno al Eurídice con su enorme talento.

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Kiarostami muestra en Japón la tortuosa vida de una joven que se prostituye.

Otro que no ha dejado indiferente es Abbas Kiarostami, que con Like Someone in Love realiza su primer trabajo en Japón. En una temática que no es novedosa, la de la chica que se financia los estudios recurriendo a la prostitución, hay destellos de calidad en cada plano, donde no faltan esos característicos paseos en coche. Los personajes son reales y precisos, pero no acabo de entender si esta incursión en el país nipón era del todo necesaria, y me da la sensación de que quedará como una anécdota en la valiosísima filmografía del director iraní.

Y qué decir de David Cronenberg. Llegaba como uno de los favoritos con Cosmopolis, una producción franco-canadiense tirando a independiente pese a contar como cabeza de cartel con Robert Pattinson, que pasa la prueba con nota aunque los primeros minutos bien parecen las tomas de un casting. La novela de Don DeLillo se reubica en el periodo de convulsión económica que vivimos actualmente, y el mensaje anticapitalista no puede quedar más redondo. Luego, convencer a todos ya es otra cosa: la cinta se puede reducir a una sucesión de diálogos y escarceos entre el joven multimillonario y los singulares personajes que le dan encuentro en torno a su majestuosa y futurista limusina. Aquí Cronenberg tampoco es convencional y, a estas alturas, es casi lo mejor que podemos pedirle.

El autriaco Ulrich Seidl presentó una de esas rarezas bien filmadas, Paradise: Love, la primera entrega de una presunta trilogía, que funciona muy bien durante su primer tramo, con una eficaz representación de lo vomitivo que es el turismo sexual, no solamente en lo carnal, también en el aspecto humano y social.

Así, el premio a la mejor dirección para Carlos Reygadas por Post Tenebrax Lux (la mayor pitada de este año de la prensa) y el premio del jurado a la nueva comedia social de Ken Loach, The Angel’s Share parecen galardones otorgados más por mero trámite que por méritos propios.

Tendré que comprobar en unas semanas si el boom entre la crítica más modernilla en los últimos días de festival hacia Holy Motors de Leos Carax (estreno en Francia el 4 de julio) se convierte en un bluf, o si, por el contrario, se trata de otra de tantas obras incomprendidas por un jurado que ha preferido ignorarla, junto a la buena cuota de cine hollywoodiense que poblaba este curso la competición.

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‘Moonrise Kingdom’ ofreció una buena sonrisa como film de apertura.

 ¿Dónde está ese Nuevo Cine Americano?
Hollywood entró a lo grande en esta competición de 2012 con la merecidamente aplaudida Moonrise Kingdom. La originalidad de Wes Anderson (quizás merecía el premio a la mejor dirección) vuelve a quedar patente en esta cálida, disparatada y a la vez sencilla historia de amor entre dos raros adolescentes que escapan de sus pesadas vidas. El ambiente scout, la explosión de colores y el desfile de actores famosos en la piel de los más que habituales personajes extravagantes de Anderson, ayudan a crear una fábula sobre la libertad de los jóvenes genialmente alimentada por la música de Alexandre Desplat (magistral en los créditos finales) y con un absorvente tema rescatado que recrea escenas tan tronchantes como memorables.

En cierto modo, es bastante comprensible que la organización del festival más poderoso del mundo apueste por los grandes trabajos de Hollywood. Para la 65ª edición, llegaban las aparentemente refrescantes Lawless, Killing Them Softly, On the Road y The Paperboy (esta última no la he visto pero fue recibida con igual indiferencia), con muchas de las nuevas promesas del cine estadounidense. Quizá, lo más destacable de estas películas que poco de nuevo aportan sean sus repartos, con nombres que ya sonaban y perdurarán como los de Jessica Chastain, Mia Wasikowska, Tom Hardy, Kristen Stewart o Garrett Hedlund.

Lawless, otra incursión en el periodo de la ‘ley seca’ deja patente la incapacidad de Shia LaBeouf para tener un papel “serio”, y quedará para el olvido, salvo por los chascarrillos del gracioso personaje de Tom Hardy o un desnudo tan inesperado como integral de la Chastain.

Sobre On the Road todavía me estoy preguntando en qué estaba pensando Walter Salles. Es verdad que adaptar el mito literario de Kerouac no era tarea sencilla, pero es que el resultado, tan solo en el plano estético, bien parece una recreación de la novela para una sesión de fotos del dominical de turno.

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Brad Pitt concede algún que otro diálogo destacado en ‘Killing Them Softly’.

Killing Them Softly de Andrew Dominik es la más salvable de las mencionadas, con un retrato algo precipitado de la era post-Bush/pre-Obama en USA. Contiene algunas escenas de acción portentosas ‘a lo Drive’ y Ray Liotta le otorga credidibilidad a la trama. Además, hay algún que otro diálogo de altura entre James Gandolfini y un Brad Pitt con un monólogo final de aplauso, aunque habría que verlo de nuevo para corroborar si no queda un pelín forzado. A este último le siguen pasando factura estos personajes presuntamente oscarizables, que se quedan demasiado a menudo atrapados en la máscara del otro personaje, el Pitt celebridad.

La película a competición que sí parece ganarse la etiqueta de ‘Nuevo Cine Americano’ es Mud, la tercera de Jeff Nichols, presentada ya el último día de festival y con una acogida extraordinaria. El director de Take Shelter merece toda nuestra atención.

Gimme the Loot

‘Gimme the Loot’, uno de los envites de esta edición a no perder de vista.

Una cierta ‘mierda’… con gratas sorpresas
No soy el primero que dice que la sección Un certain regard (Una cierta mirada) carece de coherencia a la hora de fijar la selección. Lo dijo hace unos días Diego Galán, y lo reconoce incluso Gilles Jacob, el presidente del festival. Ahí encontramos en esta edición supuestas grandes películas que se han quedado fuera de la competición por poco (Elefante blanco), la nueva excentricidad (bien filmada, por supuesto) por el excéntricamente precoz Xavier Dolan (Lawrence Anyways), la ganadora de Sundance (Beasts of the Southern Wild, que encima se ha llevado la Cámara de Oro), otras operas primas más singulares (Antiviral, la primera de Cronenberg hijo), films simplemente exóticos (como una soporífera versión kazaja del Crimen y castigo de Dostoievsky), comedias francesas (la imprescindible en estos tiempos de crisis Le grand soir) o films-evento como 7 días en La Habana, compuesta por sketches de siete famosos directores.

Un eclecticismo que chirría pero al mismo tiempo estimula cuando uno encuentra una película tan afectuosa como la neoyorkina Gimme the Loot, primer largometraje de Adam Leon. Se trata de una simple historia de dos jóvenes que deambulan y trapichean por las calles de Nueva York para ganarse la vida. Con los mejores tics de referentes como David Simon o Spike Lee, se alimenta también de una atmósfera nouvelle vaguera, con diálogos improvisados y buen humor, salidos de unas mentes jóvenes e inocentes con una candidez necesaria en medio de tanta obra grandiosa que en ocasiones parece capaz de decidir entre el bien y el mal. Por tanto, en América, como siempre, sigue habiendo esperanza.

El buen sabor de la Quincena
Seguramente lo menos escuchado y a su vez lo más destacable de este Cannes 2012 sea la Quincena de los Realizadores. Con nuevo director de la programación, Edouard Waintrop, se han podido ver, entre otras, desde el nuevo film de Michel Gondry (The We and The I, un acertado retrato de adolescencia cuya acción se desarrolla íntegramente en un bus de Nueva York), a obras cercanas a lo experimental como Fogo, de la mexicana Ayelén Olaizola, de una hora de duración. Sin olvidar la obligada cuota de cine francés, también han sorprendido la versión china de Las relaciones peligrosasuna miniserie india (Gangs of Wasseypur) de más de cinco horas de metraje, o el documental Room 237, que recoge no pocas disparatadas teorías sobre El resplandor de Stanley Kubrick. De modo que la Quincena se aleja del glamour de la alfombra roja para aglutinar todo tipo de trabajos que merecen la pena ser exhibidos en primicia. En esta edición ha brillado otra América, la del sur.

Infancia clandestina

‘Infancia clandestina’, conmovedora historia sobre política, amor e injusticias.

No hay que quitarle el ojo a dos títulos de tinte político: la coproducción hispanoargentina Infancia clandestina, el primer largo de Benjamín Ávila, una historia autobiográfica sobre la dificultad que supone para un joven vivir en la clandestinidad en su propio país junto a sus padres, activistas políticos contra la dictadura en la Argentina de finales de los años 70. Los dibujos animados que se intercalan en medio de las escenas de acción no pueden ser más acertados, y el crudo relato en tono de thriller político deriva en una agridulce historia de amor. Además, el actor Ernesto Alterio destaca con un personaje entrañable.

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Gael García Bernal, un creativo dispuesto a cambiar el futuro de Chile en ‘No’.

Otra película muy destacable es la chilena No de Pablo Larraín, con Gael García Bernal, que cambia su habitual acento mexicano para meterse en la piel del creativo publicitario que ideó la camapaña del “NO” en el referéndum por o contra la continuidad del dictador Pinochet en 1988. El gran acierto del film (que puede llegar a contrariar a muchos al principio) es que ha sido rodado con material de la época, y la imagen es tirando a fea, a veces está incuso quemada, pero queda impecable a la hora de introducir el material de archivo, abundante e imprescindible para esta película que no esconde sus fines didácticos.

Sueño y silencio

‘Sueño y silencio’, excelente ejercicio de estilo de Jaime Rosales.

La principal presencia española en Cannes era la del director de La soledad, Jaime Rosales. Su cuarto largometraje es Sueño y silencio, una excelente muestra de cómo su estilo tan característico se va depurando hasta llevarlo casi al límite. Con un espeso blanco y negro en esta ocasión, los diálogos de unos actores semiprofesionales prácticamente improvisados conducen el relato junto a una sucesión de planos larguísimos que hablan por sí solos (especialmente uno de siete minutos en un cementerio). Con profundos cambios durante la producción (en principio iba a ser en color y con actores de caché), Rosales reconoce haber experimentado durante el rodaje como nunca hasta entonces: él se ocupa de la puesta en escena, principalmente de la dirección de actores, mientras que delega los encuadres (la puesta en cuadro) en el operador de cámara. Un nuevo concepto sobre la dirección cinematográfica aplicado a partir de la teoría cuyo planteamiento supone todo un desafío.

Aquí y allá

‘Aquí y allá’, premio de la Semana de la Crítica.

La Semana de la Crítica premia a un director español
La otra sección prestigiosa, la Semana de la Crítica, con siete películas a competición, premió a la cinta Aquí y allá, del madrileño Antonio Méndez Esparza. Con producción entre España, México y USA, trata la vida de un hombre que vuelve a su pueblo mexicano natal con su familia después de una temporada trabajando en Estados Unidos. En episodios, y de forma pausada y precisa, se narra la vida de esta familia que es feliz en su reencuentro, pero sin embargo el matrimonio cuenta con escasas facilidades a la hora de salir adelante con sus hijos. Estando así, como tantos otros, sin merecerlo, en los límites de la pobreza.

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