El pachuco y otros extremos

'American Me' (Edward James Olmos, 1992).

‘American Me’ (Edward James Olmos, 1992).

El pachuco ha perdido toda su herencia: lengua, religión, costumbres, creencias. Sólo le queda un cuerpo y un alma a la intemperie, inerme ante todas las miradas. Su disfraz lo protege y, al mismo tiempo, lo destaca y aísla: lo oculta y lo exhibe.

Con su traje –deliberadamente estético y sobre cuyas obvias significaciones no es necesario detenerse–, no pretende manifestar su adhesión a secta o agrupación alguna. El pachuquismo es una sociedad abierta –en ese país en donde abundan religiones y atavíos tribales, destinados a satisfacer el deseo del norteamericano medio de sentirse parte de algo más vivo y concreto que la abstracta moralidad de la “American way of life”–. El traje del pachuco no es un uniforme ni un ropaje ritual. Es, simplemente, una moda. Como todas las modas está hecha de novedad –madre de la muerte, decía Leopardi– e imitación.

Octavio Paz, “El pachuco y otros extremos”, en El laberinto de la soledad (1950).

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Narrar el siglo XXI

El actor Ellar Coltrane a lo largo de 'Boyhood' (Richard Linklater, 2002-2014).

El actor Ellar Coltrane a lo largo de ‘Boyhood’ (Richard Linklater, 2002-2014).

Richard Linklater (Houston, TX, 1960), que había demostrado ser un excelente narrador del paso del tiempo con la trilogía Before…, se ha superado. Boyhood es una obra única en su concepción, porque nadie antes se había atrevido a filmar la misma historia durante más de diez años (o al menos no de esta manera). El resultado son dos horas y cuarenta y cinco minutos dentro de la vida de Mason, junto a su familia. Hay drama, pero no dramatismo. Hay amor, aunque no amoríos. Hay adolescencia, pero sin excesos. Es decir, que la historia fluye como la vida misma, por medio de acontecimientos que van marcando la vida del personaje central y de los que están a su alrededor pero sin las exageraciones a las que recurre demasiado a menudo la ficción. Además, se trata de una obra que termina en el mismo presente, y es, en cierta forma, el espectador quien escribe el resto de la historia. Mientras esperamos a la próxima entrega, claro. Y luego cuando todo ello sea visto dentro de un tiempo no hay duda de que será un documento de lo más valioso.

Un momento mágico

'Magic in the Moonlight' (Woody Allen, 2014).

Colin Firth y Emma Stone en ‘Magic in the Moonlight’ (Woody Allen, 2014).

Ha tenido algo de mágico el hecho de poder ver el estreno de una película de Woody Allen en la ciudad de Nueva York. Concretamente, en el cine Angelika Film Center, situado en el Greenwich Village. Su nueva película, Magic in the Moonlight, está ambientada en el sur de Francia durante los años 20, así que de neoyorkina poco tiene. Pero sí el sello de su director y autor, que pese a retomar la senda de sus obras más simples, al menos en esta ocasión se agradece un aire a screwball comedy sin mayores pretensiones que plantear un enredo entre dos personajes que se odian pero que están condenados a entenderse.

El mapa

IMG_9515No me canso de mirar el mapa de los Estados Unidos. Ahora que por primera vez veo partidos de la NBA en directo, con la final entre San Antonio Spurs y Miami Heat, me doy cuenta de que uno de mis primeros contactos con la cultura norteamericana fue a través del baloncesto. Jugábamos desde pequeños a los videojuegos, y al conocer a los jugadores y a los equipos, al mismo tiempo aprendíamos los Estados. Aunque sean muchos, faltan algunos. Como South Carolina, que nunca ha estado ahí…

Y así de pronto ha llegado el verano. Es hora de dejar de mirar el mapa y recorrerlo.

‘The Sixties’

Simón del Desierto

‘Simón del desierto’ (Luis Buñuel, 1965).

Si trato de ver algo la televisión en Estados Unidos es por Mad Men (AMC), Louie (FX)… y por algo de curiosidad. El mero acto de pasar canales, eso que rápidamente se denominó hacer zapping, se vuelve casi enfermizo cuando tienes cientos de ellos pero no precisamente un buen servicio, sino el más básico de todos. Al menos tengo CNN, pensaba al principio como un alivio. Sin embargo, pese al prestigio o buena imagen que pueda tener la cadena por sus servicios informativos, desde un primer momento me han decepcionado. Especialmente por el hecho de que apuestan por lo monográfico, es decir, tratar un solo tema de actualidad durante horas, días e incluso meses. Ucrania o el avión siniestrado de Malasia son dos de cuyo tratamiento informativo nunca olvidaré. Ahora bien, también CNN hace de vez en cuando producciones propias y The Sixties llamó mi atención por mi particular interés en la década de los sesenta. Se trata de una serie documental, cuyo primer episodio se centra en la televisión, y en aquel momento en que se convirtió en el medio de comunicación por excelencia, cuando se configuro la todavía existente (aunque en ocasiones moribunda) sociedad del espectáculo. Como no tenía suficiente con ello, me he vuelto a acordar de Buñuel, por una simple cuestión transatlántica.